Bélgica sueña con que sus Diablos toquen el cielo

Bélgica sueña con que sus "Diablos" toquen el cielo

Tras caer en cuartos en Brasil 2014 y en la Eurocopa 2016, Martínez se ha hecho con la generación dorada que se ilusiona con alcanzar la final.

EFE

Bélgica, enclave eternamente dividido por sus idiomas, culturas y opciones políticas, está hoy unida en la ansiosa espera. Cuando el árbitro silbe esta noche el inicio de la semifinal (18.00 gmt), el país se conjurará para que su selección alcance una final mundialista por primera vez en su historia.

El obstáculo es Francia, un país íntimamente relacionado con Bélgica al compartir ambos idioma oficial y la condición de miembros fundadores de la Unión Europea; pero también asuntos más triviales como la tradición del cómic o, a nivel futbolístico, a Thierry Henry, campeón del mundo con Francia en 1998 y hoy asistente de Roberto Martínez.

El reto es enorme, pero Bélgica está volcada y cree en su selección como nunca antes. Tras caer en cuartos de final en el Mundial de 2014 y en la Eurocopa de 2016, Martínez se ha hecho con la generación dorada del fútbol belga y los Lukaku, Hazard y De Bruyne han conquistado el corazón de un país que no llegaba a una semifinal mundialista desde 1986.

Por todo el país, para flamencos, valones y bruselenses, se extienden las "fanzones", pantallas gigantes y bares al aire libre donde, pese a la repentina caída de las temperaturas, millones de belgas y extranjeros que sienten los colores se reunirán para animar a los "Diablos".

En Bruselas, ni siquiera la cumbre de la OTAN, que se celebra este miércoles y jueves pero lleva varios días haciéndose sentir en la capital, impedirá a los altos funcionarios del organismo disfrutar de una semifinal histórica. El Gobierno federal belga ha confirmado que el partido se podrá ver en la recepción oficial que organiza con motivo de la cumbre de la Alianza.

En el inicio de esta velada participará también el primer ministro belga, Charles Michel, que no obstante seguirá el encuentro desde la localidad valona de Braine-le-Comte, un pequeño pueblo a unos 40 kilómetros al sur de Bruselas donde creció el hoy capitán de la selección, Eden Hazard.

Según la prensa belga, Michel había contemplado la posibilidad de asistir al partido en Rusia y participar en la cumbre de la OTAN al día siguiente, pero solo hubiera podido volver a Bruselas el miércoles en un vuelo comercial a las 11 de la mañana, justo antes del inicio de la reunión de la Alianza.

"Viendo que esperamos a 40 jefes de Estado y de Gobierno, se anunciaba complicado", explicaron a Le Soir fuentes del entorno del presidente.

Sí que estarán en San Petersburgo para la gran semifinal los reyes Felipe y Matilde de los belgas, que presenciarán el partido desde la tribuna de autoridades como ya hizo el monarca con sus hijos en el encuentro de la fase de grupos frente a Túnez, que concluyó con victoria belga.

También los no futboleros verán alteradas sus rutinas por la selección, ya que dos de las principales cadenas de supermercados del país, Delhaize y Lidl, han anunciado que hoy cerrarán sus puertas una hora antes de lo habitual, a las siete en lugar de a las ocho, para permitir a sus empleados llegar a tiempo al pitido inicial.

En un país en el que el partido nacionalista flamenco N-VA es opción mayoritaria en el Parlamento belga y gobierna una coalición de cuatro partidos dispares que reflejan la diversidad de la población, las banderas nacionales cuelgan hoy de muchas ventanas.

El editorial del principal diario francófono del país, Le Soir, lo resume así: "Esto no es un partido. Ni siquiera es fútbol. Es una porción de nuestra vida colectiva. Un momento que quedará grabado en la memoria de la mayoría de los belgas. Es este increíble sentimiento de participar en algo que es más grande que nosotros, que nos une, que permanece, que nos marca y que transciende". 

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